La Belle France

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La Belle France

Como muchos franceses siempre dicen: Francia no es París. Concuerdo al 100%. En Francia, además de la famosa París tenemos mil y un lugares más donde podemos soñar, gozar, comer, beber, admirar y reír.

En este artículo te comparto algunos de los imperdibles en este país tan rico en historia, arquitectura y arte. Y como foto de portada, tengo el gusto de presentar a una de mis viajeras preferidas, con quien vengo trabajando 10 años, y en un mundo lleno de coincidencias se llama como yo: Mónica. En este viaje redescubrió París (por una 5ta vez quizás), y por primera vez la bella Provenza Francesa con sus viñedos y pueblos medievales.

Y es que, tal como adoro diseñar experiencias a mi bello Perú, país donde nací y viví por 36 años… también me llena de ilusión preparar sus viajes a mi segundo hogar, a la bella Francia, país donde ya vivo hace más de un año y donde cada lugar visitado es un deleite para todos los sentidos.

¿Por donde comenzamos?

Los maravillosos castillos del Loira. Me transportaron a lo más profundo de los cuentos de caballeros, doncellas y dragones. Comenzando con Villandry y sus bellos jardines. Los suspiros que me robaron sus jardines son incontables, tal como lo hicieron los de Versalles y Giverny, también en las afueras de París donde está la casa de Claude Monet.

Chenonceau. Mientras se van acercando observarán sus arcos perfectos y sobre ellos el castillo se levanta contrastado con su reflejo sobre el río Cher… Una obra maestra.

La joya de la arquitectura renacentista: el magnífico Chambord. Este castillo no necesitó jardines ni bases de arcos para imponerse. Aún recuerdo lo que sentí cuando lo vi. Abrumador en el buen sentido. No imagino cómo debe haber sido siglos atrás, en medio de bosques comunicando a gritos el poder de la realeza francesa. Y sí, ese es Chambord.

Dejando el Loira y yendo más al sur tenemos a la encantadora Provenza Francesa. Solamente el recordar el viaje me hace sonreír inmediatamente. Si el Valle del Loira es igual al Renacimiento, acá nos vamos al Medioevo. Y esa es la magia de Francia: que en cada región hay una era que se impone y te hace viajar en el tiempo. Hay mil y un pueblitos; por supuesto que siempre estarán los más famosos como Gordes, Les Baux-de-Provence, Saint Remy de Provence, bellos y magníficos sin duda alguna. Pero si hay algo que les recomiendo es: no se queden sólo en los lugares más conocidos, anímense a explorar y conocer lo menos evidente, ahí está la magia.

Lo que hice fue ver el mapa y a medida que nos acercábamos a un pueblo hacíamos una parada para descubrirlo a nuestro ritmo. Siempre me encontré con gratas sorpresas: callecitas vacías (aún en plena temporada alta), puertas de madera maciza de siglos atrás, arcos y puentes de piedra rodeados de paisajes bucólicos.

Pro tip: Si vas en la temporada de la lavanda (fines de Junio a fines de Julio), la experiencia será aún más única.

Imposible hablar de la Provenza Francesa sin mencionar a la incomparable Arles. Esta ciudad lo tiene todo: vestigios romanos con un anfiteatro, un coliseo y galerías subterráneas (criptopórticos). Aquí tienes el lujo de poder admirar los mismos paisajes que inspiraron las obras maestras del gran Vincent Van Gogh por ejemplo. Este era uno de mis sueños antes de ir a Arles: poder recorrer los mismos caminos que él. El jardín del hospital donde estuvo internado, o la orilla del río Ródano e imaginar su noche estrellada magnífica; o contemplar el sendero en los Alyscamps (necrópolis romana) e intentar sentir esa paz y tranquilidad que él pudo haber sentido mientras los pintaba. Si eres amante del arte y la historia, Arles es para ti.

Aviñón: antigua sede Papal. Con el puente Saint Bénezet (muy conocido por la canción para niños «Sur le pont d’Avignon»), su muralla y claro el mismo Palacio Papal, joya magnífica de la arquitectura gótica. Aix-en-Provence, ciudad pequeñita con un encanto de pueblo que felizmente se mantiene. Tiene mercaditos casi todos los días de la semana: de flores, de pulgas, antigüedades, frutas, artesanos; y acá es disfrute puro de la vida al estilo de la Provenza… caminar tranquilamente, salir de compras con tu canasta en mano, y saludar a los vecinos con un amable ¡Bonjour!

No puedo terminar esta pequeña crónica sin mencionar dos maravillosas regiones del lado del Atlántico que también visité: La fuerte Bretaña, región imponente caracterizada por su mar con colores maravillosos, paisajes agrestes con piedras, colinas, acantilados que dan un encanto completamente distinto. Y no es para menos, ya que son herederos de los celtas. ¡Importante! Acá debes probar sí o sí el verdadero crêpe: caramel au beurre salé (caramelo con mantequilla salada). Créeme que es el paraíso en la tierra, y comerlo frente al Atlántico, con una chaqueta protegiéndote del viento mientras los rayos del sol te van calentando antes de que sea de noche… es para mí, una de las mejores sensaciones de lo que es la rutina en la Bretaña.

La Normandía de los vikingos que llegaron a tierras francesas.

También con paisajes increíbles muy importantes de la historia reciente: la playa de Omaha por ejemplo, donde fue el desembarco del Día D durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora puedes encontrar museos, memoriales y restos de fortificaciones. En definitiva un espacio para la reflexión. Si queremos irnos a la historia un poquito más lejana (medieval de nuevo), llegamos a la asombrosa abadía en el Monte Saint-Michel. Es un lugar que también hay que visitar por ese encanto que te captura a medida que vas subiendo por las calles empinadas hacia la cima. Calles y casas de piedra, donde por secciones tiene luz del sol, por otras sombras, por otras callejuelas sin un fin visible. Nuevamente vino a mí esa sensación de viajar en el tiempo y dejar volar a la imaginación sobre cómo me hubiese sentido vivir en aquellos tiempos en aquellos lugares.

Y cómo no hablar de las famosas burbujas: Champagne y Picardía

Sí, han leído bien: la región de Picardía tiene una sección geográfica donde oficialmente se puede producir el famoso Champagne. Pero fuera de eso, no necesita mayor introducción. Muchos somos amantes de esta bebida que evoca historia, tradición, celebración y técnicas minuciosas. Visitar las “casas de Champagne” y recorrer sus cavas, viñedos, entender sus técnicas y lo que los hace diferentes… es toda una experiencia que muchos dejan de lado cuando vienen al país del Chapagne. Les recomiendo de todas maneras incluir esta región con su magnifica capital Reims, donde está nada más y nada menos la catedral donde se coronaron 33 reyes franceses.

Y como anécdota, recordemos lo que dijo una de las amantes de Luis XV, Madame de Pompadour: “El champagne es el único vino que deja bella a la mujer después de beberlo.” Evidentemente, en estos tiempos, a beberlo con moderación.

Francia es una nación que siempre me sorprenderá. Me falta aún mucho por descubrir. Las que siguen en la lista son Burdeos, Dijon, Toulouse y Carcasona. ¡Ya les contaré más!

Un fuerte abrazo,

Mónica

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