Mea culpa: Mónaco

Tiempo de lectura: 3:15min.

¿Te ha pasado tener un pre-concepto en mente sobre un destino en particular? Imagino que sí, ya que hoy en día la cantidad de información que recibimos en redes sociales es demasiada, y llegamos a ver un sin número de videos e imágenes por semana. Y esto puede hacer que lleguemos a pensar en que ya sabemos como va a ser un destino en sí. Incluso antes de visitarlo o de conversar con personas que han estado ahí.

Este artículo es mi primer “mea culpa” personal. Y lo hago público porque aún teniendo 10 años de experiencia siendo consultora en viajes a la medida, también soy humana. Y, en este caso, con alegría acepto que tenía un concepto errado de tan increíble estado.

Comencemos con lo básico: ¿Mónaco?

Es el segundo estado soberano más pequeño del mundo, después del Vaticano. Tiene una superficie de 2 kilómetros cuadrados. Así es, leíste bien: Dos. El gentilicio es monegasco o monegasca, hablan francés, y hay menos de 10,000 personas que cuentan con la nacionalidad monegasca.

Pero ¿el principado de Mónaco siempre fue lo que es ahora?

La verdad es que no. A mediados del siglo XIX estaban pasando por una fuerte crisis. La tierra era (y es) muy agreste. No era posible tener plantaciones, ni animales (como ovejas ni cabras). En medio de esa crisis el príncipe Carlos III tomó la decisión de vender gran parte del territorio del principado a Francia. Con ese dinero, y junto con la gran visión de François Blanc es que todo comenzó:

  • Baños termales: por su ubicación geográfica y por las formaciones rocosas, Mónaco cuenta con un microclima, lo que lo hace un destino que puede ser disfrutado durante todo el año. Imaginen a la aristocracia europea en pleno siglo XIX, cansada del invierno crudo en febrero, y tener la opción de ir al Mediterráneo para gozar de aquellos baños termales.
  • Casino de Montecarlo: en pleno siglo XIX, los juegos de azar estaban prohibidos en los países vecinos por motivos morales o religiosos. El principado, al ser un estado soberano, cambio su ley para poder permitirlo. Por lo que el salto a la fama de Mónaco continuó: seguía posicionándose como un destino de glamour, lujo y exclusividad en la aristocracia europea.
  • Y para seguir con el apogeo, se necesitaba que los visitantes se quedasen más tiempo. Por lo que se creo el icónico Café de Paris, y luego el lujoso Hotel de Paris.

Con estos principales “ingredientes” es que Mónaco comenzó a volverse lo que todos conocemos ahora: el casino, glamour, lujo, vehículos de alta gama, yates. Y sí, todo eso ya lo tenías en mente, como yo también.

Pero Mónaco, es mucho más que eso.

Muchas personas a veces se quedan en los países vecinos y van a visitar Montecarlo (un distrito del principado) solo por el día o por unas horas. Y solo se quedan con lo más conocido.

Y yo también pensaba que era suficiente. Pero no lo es.

No voy a ahondar en un guía sobre qué hacer cada hora en el principado, pero créeme, yo me quedé dos noches y me faltó tiempo. Y sé que de todas maneras volveré.

Puedes quedarte en Montecarlo, en el bello hotel de Paris o en el tranquilo hotel Hermitage. Y desde ahí tienen todo a unos pasos: restaurantes especializados en las mejores cocinas del mundo, con estrellas Michelin, con shows en vivo. Tienes bares, clubes para todos los gustos: fiesta, alto volumen, en sillón solo como música de fondo para que converses. Y por supuesto tienes al imponente Casino de Montecarlo.

El solo hecho de prepararte una noche, ir a cenar y después ir al casino te hace viajar en el tiempo. Y esa experiencia no la tendrás si solo vas por el día. Ese es un aspecto muy importante, que cada vez quiero compartir más con mis viajeros: hacer un “slow travel” para disfrutar de las ciudades, de su naturaleza, personalidad, estilo. Ir más allá de lo que las redes sociales o las revistas nos muestran. Caminar por sus malecones, ver el mar Mediterráneo, sentir la brisa y el sol calentarte en abril… o en julio disfrutar del Monte Carlo beach club, y transportarte a los años de gloria de la Riviera Francesa. Aquellos años llenos de clase y glamour al estilo de Grace Kelly.

Y es que Mónaco tiene varias facetas. Si vas en familia, o en pareja y quieres descanso el hotel Monte Carlo Beach es el indicado. Sus habitaciones están casi a la altura del mar. Tienen unas vistas maravillosas del club de playa privado. ¿Imaginas veranear ahí? Por supuesto también con un restaurant delicioso especializado en seafood.

Su centro histórico también es importante tenerlo en cuenta. Con sus callecitas estrechas, tiendas pequeñas dentro de edificios históricos. Por supuesto, visitar también el Palacio del Príncipe de Mónaco, para conocer mejor el corazón de la historia del principado. Ver el cambio de guardia a las 11:55AM todos los días, y luego tomar una refrescante limonada en una terraza. Y como en Mónaco lo que más sorprenden son los vehículos de lujo, es indispensable ir al Museo que tiene la colección de los automóviles del Príncipe de Mónaco. Colección que fue iniciada por el Príncipe Raniero III en la década de los 50’s.

Y recordemos la ubicación del principado: entre Francia e Italia. Tienes la Riviera francesa e italiana, con sus pueblito sobre las rocas o sus playas; con ese encanto mediterráneo interminable presente en Mónaco y alrededores. Como base de operaciones, es el destino perfecto.

Entonces, recapitulando tenemos además del glamour, lujo, casinos, yates y vehículo de súper lujo… descanso en un beach club privado, restaurantes con las mejores cocinas del mundo, servicio impecable, tiendas, callecitas con encanto, vista al mar, clima muy agradable la mayor arte del año.. y estar en el medio de las Rivieras europeas.

Mónaco tiene mucho más de lo que pensabas ¿cierto?

Si al finalizar este artículo tienes ganas de visitar el principado, contáctame. Conversaremos sobre tu estilo de viaje, y encontraremos las mejores opciones para que disfrutes de tu preciado tiempo libre en uno de los lugares más reconocidos a nivel mundial.

¡Hasta la próxima!

Mónica

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