Hay una canción que desde pequeños aprendemos en el colegio, y comienza con “tengo el orgullo de ser peruana y soy feliz”. En definitiva, resume perfectamente mi sentimiento.
Cada país es grandioso, por supuesto, pero como peruana evidentemente te voy a contar lo que hace grandioso a mi país:
Su gente. Somos amigables, generales, trabajadores y alegres. Somos ingeniosos, colaboradores y creativos.
Sus colores. Los tenemos para todos los gustos: azul con el Océano Pacífico que baña toda nuestra costa, y nuestros lagos increíbles, como Lago Titicaca. Verde, con nuestra basta Amazonía que cubre aproximadamente un 60% de mi país. Amarillo, con sus desiertos, alguno haciendo un poco de trampa con un toque de azul con sus oasis. Gris, con todas las construcciones de piedra que nuestros antepasados realizaron en la sierra, como el increíble Machu Picchu. Marrón, con las construcciones ancestrales realizadas en la costa y en la selva. Multicolor, en las vestimentas tradicionales que cada región tiene.
Su historia. Casi infinita. Solo enfocándome en la época prehispánica, comenzando desde la Ciudad Sagrada de Caral (s. IV a II a.C. – ¡hace 5000 años!) y culminando con el imponente Machu Picchu (s. XV-XVI).
Su sabor. Con sus danzas llenas de música y ritmo. Y qué decir de la gastronomía. Pocos son los países privilegiados de tener una gastronomía tan presente en la sociedad. Todo lo que hoy se come en los restaurantes de comida peruana galardonados; en esencia, es conocido por todos los peruanos desde que comenzamos a comer .
Amo mi país, y si el destino no me hubiese invitado a vivir en Francia, sin duda alguna continuaría viviendo en mi país de las maravillas.

